Desde aquel partido en el Hipódromo

Dentro de pocas horas tendrá lugar en el Camp Nou de Barcelona otra edición más del partido de fútbol por antonomasia del panorama nacional: el Clásico. Un Barcelona – Real Madrid que se antoja apasionante, habida cuenta de la igualdad en la tabla con que ambos conjuntos llegan a este siempre apasionante y crucial envite. No hay encuentro de clubes en el mundo que suscite tan gran expectación entre el público mundial. Estamos ante un acontecimiento, y no es una exageración, de ámbito planetario.

Pero no siempre un partido entre los dos colosos del balompié español ha copado los titulares de la prensa mundial ni ha tenido una influencia de tanta envergadura como la que tiene en la actualidad. Y es que a través de estas letras nos vamos a remontar al origen del Clásico: trasladémonos, pues, a 1902.

El nuevo deporte que los ingleses habían importado al continente y que ellos mismos habían dado en llamar lacónicamente foot-ball estaba aún en ciernes en España y contaba con muchos detractores. Por un lado, se miraba con recelo esta nueva práctica venida de Inglaterra, como casi todo lo que provenía de la “Pérfida Albión”, enemigo secular de España.

De otro lado, los más se escandalizaban por ver a veintidós hombres hechos y derechos corretear por un patatal vistiendo calzones y demás estrafalario atuendo. Era algo casi inmoral. Para colmo, el nuevo deporte obligaba a utilizar unas palabras rarísimas: corner, goal, penalty, foot-ball. Imaginemos cómo sonaban estos términos al oído del español medio de finales del siglo XIX y principios del XX. Los más adeptos al nuevo deporte los utilizaban como anglicismos, sin filtro, incorporándolas a su jerga. Así se puede apreciar en la mayoría de crónicas de la época. De hecho en las crónicas de este primer Clásico al que vamos a hacer referencia, la palabra usada para aludir al deporte en sí es foot-ball. Otros, los más castizos y revolucionarios, fueron adaptando estos términos a nuestra lengua, dando lugar a palabras tan eufónicas y maravillosas como “balompié”.

Pues de balompié iba la cosa allá por el mes de mayo de 1902. El Rey Alfonso XIII alcanzaba la mayoría de edad y se ponía con ello fin a la larga Regencia de María Cristina, su madre, la cual había ostentado la Jefatura del Estado desde la muerte de Alfonso XII, del cual el neófito fue hijo póstumo. Los festejos iban a ser diversos con motivo de tan magno acontecimiento durante varios días en la capital de España.

Para sorpresa de muchos, se incluía un apartado deportivo dentro de los festejos. La organización lo dio en llamar “Concurso Madrid de Foot-ball Association”. Fueron invitados para la ocasión diversos conjuntos, de los cuales finalmente terminaron asistiendo los siguientes: el F.C. Barcelona, el Español de Barcelona y el Vizcaya (combinado compuesto por los dos equipos bilbaínos del momento: el Bilbao F.C. y el Athletic Club, de los que años más tarde el segundo absorbería al primero).

El resto de equipos invitados tuvieron que declinar la invitación por muy diversos motivos, que resultan de todo punto ilustrativos a los efectos de hacernos una idea de la época en que nos encontramos y del estado tan incipiente y embrionario en que se hallaba el balompié español. Así, el Universitari de Barcelona tuvo que declinar el ofrecimiento porque sus jugadores, todos estudiantes de la Universidad, se encontraban en época de exámenes. Por su lado, el Hispania Athletic y el Catalá F.C., también ambos barceloneses, excusaron su inasistencia por motivos de no poder costearse el desplazamiento.

Por tanto, sólo tres invitados: Español, Barcelona y Vizcaya. Junto a estos tres iban a contender los que se erigían como organizadores y anfitriones del evento: el New F.C. de Madrid y otro equipo también capitalino que era un completo desconocido dentro del panorama nacional –e incluso local- que apenas había sido fundado unos meses antes: el por entonces llamado Madrid F.C. Nadie en aquel momento siquiera se podía llegar a imaginar que ciento diecisiete años después ese club en ciernes, novísimo y desconocido, sería el conjunto más laureado de la historia del fútbol. Ese equipo al que en 1920, el mismo Rey cuya coronación se iba a festejar con este magnífico “concurso de foot-ball”, le concedería por gracia regia el título de Real y que desde entonces y hasta hoy, con excepción del breve período republicano, se le conocería como “el Real Madrid”.

Pues bien, el torneo dio comienzo el 13 de mayo de 1902 e iba a tener lugar en un recinto adaptado para la ocasión, pues por aquella época en la capital de España apenas existían campos de fútbol específicamente creados al efecto. Se solía jugar en huertas, descampados, en las márgenes de los ríos, etc… O en otros recintos que se adaptasen para la práctica de este nuevo deporte que nos habían traído esos hijos de la Gran Bretaña. En este caso se escogió un hipódromo. El denominado Hipódromo de los Altos de la Castellana, que estaba ubicado en la zona de Madrid que hoy se denomina Nuevos Ministerios. Del 13 al 16 de mayo de 1902, sólo por esos días, las galopadas de los caballos iban a dejar paso a los goals, los corners, los penalties… Al foot-ball, en definitiva.

Vista aérea del Hipódromo donde por primera vez en la historia contendieron Madrid y Barça (fuente: eurosport.es)

Y así, el primer Clásico de la historia se disputó el día inaugural del torneo, que se dio en llamar popularmente como Copa Coronación. El Barcelona venía cansado del largo viaje, habiendo empleado más de catorce horas en llegar desde la Ciudad Condal a la capital de España. Para más inri, algún jugador culé sufrió en el calentamiento de indigestión porque, según las crónicas periodísticas de la época, de camino al Hipódromo pararon en una churrería para comprar unos cartuchos de churros y de porras. Deliciosa anécdota. Lo que nos da una idea de que el primer Clásico de la historia más se debió parecer a una pachanga entre amigos que a lo que hoy en día asistimos.

Y así, rondando las once de la mañana del martes 13 de mayo de 1902, se daba el pitido inicial del primer Madrid – Barça de la historia. El árbitro que tuvo el honor de enjuiciar el primer Clásico se llamaba Luis Arana que, curiosidades de la época, era a su vez jugador del Vizcaya. Esta es otra de las características de este tiempo: no existía la figura del árbitro especializado, ni mucho menos profesional o colegiado como pasa hoy en España.

El partido terminó con un 1-3 favorable a los barceloneses. La crónica del diario “El Liberal” es la siguiente: “El segundo partido se lo disputaron el Madrid Foot-ball Club y el Foot-ball Club de Barcelona. Perdieron los madrileños, haciendo un tanto, mientras que alcanzaron tres sus contrarios. Jugaron muy bien los madrileños; pero con la desventaja de ser casi todos gente nueva en este vigoroso sport. Sin embargo, llamó la atención por su fuerza, agilidad y sangre fría Mr. Thomson, que forma parte del club de Madrid”.

Por su parte, el rotativo “La Correspondencia de España”, ofrecía su versión del envite de la siguiente manera: “El Madrid Polo Club ha cedido generosamente una de sus pistas del hipódromo para un concurso {…} En toda la circunferencia de la pista se veía triple fila de sillas completamente llenas de público {…} Predominaban las señoras en número considerable. Veíanse también carruajes y caballos de todos los sportsmen más conocidos de Madrid”.

Una de las pocas imágenes que hay del desarrollo del partido (fuente: as.com)

“El Heraldo de Madrid”, en su edición vespertina de aquella jornada, se refería así al partido del Madrid: Auguramos un brillante porvenir a esta Sociedad. Deben estar satisfechos los jugadores del Madrid Foot-ball Club, pues una derrota de la índole de la de esta mañana supone una victoria, atendiendo a que midieron sus fuerzas a los campeones del Barcelona {…}”.

Recomiendo leer con fruición las crónicas de la época. Aproximándose a ellas es como uno se involucra y se siente imbuido del ambiente de aquellos tiempos.

Y así es como llegó a disputarse el primer Clásico de la historia, en el marco de la Copa Coronación de Alfonso XIII, cuyo campeón fue el Vizcaya. Aquellos muchachos no podían seguro ni llegar mínimamente a imaginarse que estaban haciendo historia pura del fútbol español. Que estaban dando inicio a una de las sagas de rivalidad deportivas más internacionales.

Hoy una nueva entrega. Una nueva reedición de aquel partido en el Hipódromo.